
“Jack.” Ella le sonrió; sus labios se estiraron dejando ver unos dientes cegadoramente blancos. Su cabello rubio natural estaba perfectamente rizado, y se erguía alta y confiada con un ajustado vestido rojo que parecía más apropiado para una fiesta y unos stilettos negros que lucían sus largas piernas doradas.
“Qué gusto verte; ha pasado demasiado tiempo,” Jack le devolvió la sonrisa, mirando entre nosotras dos. “¿Cómo va la universidad?”
“Bien.” Agitó una mano bien cuidada.“Pero Carden Valley es tan aburrido; casi no hay nada que hacer allí.” Carden Valley tiró de mi memoria, pero no sabía por qué.
“Camilla, no estoy seguro de si ya te han presentado formalmente a Willa, la compañera de Nolan.” Jack hizo la presentación que yo estaba esperando de parte de la Luna Natalie. La sonrisa de Camilla vaciló por una fracción de segundo, y la brillante sonrisa que le había dado a Jack fue reemplazada por una de labios apretados mientras me repasaba con la mirada.
Me aparté parte de mi cabello negro ondulado tras la oreja, luchando por mantener la mirada a nivel y no bajar la vista al sencillo vestido de algodón blanco que llevaba. De pronto me sentí tremendamente mal vestida en mi propia casa.
“No nos han presentado.” Camilla extendió la mano, sin hacer ademán de dar un paso adelante.
Cerré el espacio entre nosotras y estreché la suya. “Es un placer.” Saqué mi mejor sonrisa de Luna fingida.“Nolan y yo nos sentimos honrados de que nos visites. ¿Espero que te quedes para su cumpleaños?” Mantuve la voz nivelada aunque quería arrancarle a zarpazos sus ojos perfectamente delineados por alguna razón.
La fiesta de su cumpleaños 21 era en unos días, y yo ayudé con cada aspecto de esa fiesta. Era algo de lo que en realidad me sentía orgullosa, y quería que ella viera que era capaz, aunque no me viera tan bien con una minifalda. Pero ¿qué era siquiera lo que quería lucir? ¿Mis habilidades para organizar fiestas? Hasta pensarlo me parecía soso.
“Por supuesto,” Contestó. El estómago se me hizo nudos, pero ¿no era esa la respuesta que justo estaba esperando?
“No puedo esperar para conocerte mejor.” Me mantuve firme y seguí sonriendo.
“Igualmente.” Su sonrisa carecía de emoción, “Oh, Willa, ¿verdad?”
Asentí.
“Creo que tus cucharas de sopa y postre están mezcladas.” Arranqué la mirada de ella y la llevé a la puesta de la mesa.
“Así es,” chistó la Luna Natalie, “Gracias por darte cuenta de eso, Camilla.”
La condujo fuera de la habitación; tenían las cabezas juntas, riendo y susurrando.
Gemí y me dejé caer de nuevo en una silla.
“Muy, poco de Luna de tu parte,” se rió Jack. “Pero tu actuación fue genial.”
Lo fulminé con la mirada. “¿Fue tan obvio?”
“Bueno.” Se encogió de hombros y se frotó la nuca, una señal inequívoca de que intentaba no herir los sentimientos de alguien.
Jack y el futuro Beta, Isaac, se hicieron mis amigos durante el último año, pero por Jack me encariñé casi de inmediato. Al principio me sorprendió lo bien que me aceptaron. Definitivamente no era como las chicas con las que ellos solían juntarse. Pero este último año prácticamente hicimos todo juntos como los futuros miembros de rango, y todos vivíamos en la casa de la manada.
Me mudé la noche después de que Nolan se apareó y me marcó; el pensamiento de esa noche todavía me enviaba e.scalofríos de p.lacer por la columna. Estaba completamente en shock y asombrada de que el hombre con el que soñé la mayor parte de mi vida me estuviera reclamando, explorando mi cuerpo por primera vez en la vida, con su l.engua, y sus manos, y luego su -
“¿Willa?” Jack me miró, sacándome de mis pensamientos.
“¿Hm?”
“Te pregunté si había algo más después de que cambiemos las cucharas,” negué con la cabeza y me mordí el labio, conteniéndome de preguntarle más sobre Camilla.
El estómago se me cayó cuando pensé en ella. El dolor se sentía físico, como si alguien me hubiera succionado todo el aire y me hubiera llenado los pulmones de plomo. Esta era una reacción insana a mis celos que sabía que estaban fuera de lugar. Lo que ellos tuvieron terminó incluso antes de que yo descubriera que era su compañera, yo no se la quité. Incluso si lo hubiera hecho, yo era su compañera; ella era solo una novia, una exnovia.
“¿Estás bien?” Me estudió, la preocupación estampada en su rostro.
“Sí, claro.” Respiré a través del dolor agudo.
“No te preocupes por Camilla; es así con la gente nueva.” Se encogió de hombros.
“Seguro.” Intenté quitarle importancia. “Voy a buscar a Nolan.” Logré incorporarme pese a los celos tangibles que irradiaban a través de mí.
Caminé por el pasillo, esperando interceptar a mi compañero en la oficina de su papá, la oficina del Alfa Hugo, antes de que saliera disparado a lo siguiente en su agenda a tope.
Todo había sido un torbellino entre su cumpleaños y que tomáramos el mando de la manada poco después. Apenas podíamos vernos.
Sabía que verlo, sentir su toque, sacudiría esta sensación insana que echó raíces y me inundó como brasas encendidas. Ya lo había sentido antes, pero por lo general no estaba ligado a los celos; estaba ligado al estrés a veces cuando Nolan se iba. Supongo que era normal que los compañeros sintieran una reacción tan visceral a la ausencia de su pareja.
Por fin caí en dónde había oído lo de Cardens Valley. Nolan tuvo una conferencia allí hace un mes en un parque cuyo nombre no recordaba, o quizá él no me lo dijo. De verdad tenía que mejorar para recordar todas estas cosas.
Doblé la esquina frente a la puerta de madera oscura de la oficina de su padre que pronto sería suya. Del otro lado de la puerta sonó un golpeteo. Un gruñido, un g.emido fuerte, y luego algunos ahogados como si los estuvieran sofocando.
Podía sentir que me sonrojaba, el Alfa Hugo y la Luna Natalie no eran demasiado afectuosos, pero eran compañeros destinados. Era natural. Me di la vuelta tan silenciosamente como pude para darles privacidad.
“Nolan, Nolan.” El suave g.emido volvió antes de ser reemplazado por un jadeo ahogado.
Me quedé helada. Cada célula de mi cuerpo se sentía cargada. Tragué mientras un sudor frío me cubría, a juego con mi pavor helado interno. Debí haber oído mal. Tenía que haber oído mal.
Alcancé el picaporte con las manos temblorosas. Estaba sin llave, y eso me hizo dar un vuelco el estómago. ¿Quería ver esto? Abrí la puerta apenas una rendija solo para confirmar que no estaba pasando nada.
Pero Nolan estaba ante mí, de espaldas a la puerta.
Conocía cada centímetro de su cuerpo, la manera en que sus músculos se curvaban y tensaban cuando estaba, cuando estaba, enterrado dentro de mí.
Unas largas piernas doradas, todavía prendidas a unos stilettos negros, se enroscaban alrededor de su espalda baja.
“J.oder,” Gruñó. Yo sabía que eso significaba que estaba cerca.
Estaba a punto de correrse dentro de Camilla.


